jueves, 27 de junio de 2013

Nada.

Corres, cada vez más rápido, tu corazón se acelera, te cuesta respirar, sabes que estás huyendo y te duele, pero el pánico te impide mirar hacia atrás y enfrentarte. No puedes detenerte porque sabes que si lo haces probablemente tropezarás, caerás y te darás cuenta de la realidad que te rodea. No sabes hacia dónde te diriges pero tampoco importa, simplemente un lugar dónde estar completamente sola. Oh sí, sola, así nadie te hará daño. Ese deseo te proporciona velocidad y cada vez te alejas más y más de tu realidad hasta que no puedes más y paras. Ya estás muy lejos de todo, lo que tu querías, estar sola. Repiras hondo y te tumbas en el rígido suelo. Nada te rodea. Sonríes, crees que eso es lo mejor, así no tendrás que enfrentarte a nada nunca más. Pero la sonrisa se va esfumando, te sientas, te encoges y empiezas a sentirte cobarde, miras el largo camino que acabas de recorrer para llegar hasta lo que creías que te haría feliz pero ahora que lo has conseguido tampoco estás bien y te hundes en tus lágrimas. Desesperada intentas rehacer tu camino de vuelta buscando algo, alguien que te consuele y te quiera, pero ya es demasiado tarde, ya no tienes a nadie, lo has perdido todo.

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